

Una tempestad
Este año, el Theatertreffen, uno de los festivales celebrados en Berlín anualmente, y que reúne en la capital alemana lo que según el criterio de un jurado especializado fueron los diez mejores espectáculos en lengua alemana durante los pasados doce meses, inauguró su edición con una sorprendente versión de la última obra que escribió Shakespeare. Stefan Pucher, su director, inicia el espectáculo con una precisa evocación de las películas de serie B estadounidenses, subrayando el carácter artificioso y espectacular de la famosa primera escena que da título a la obra. Próspero, interpretado por la actriz Hildegard Schmahl, está representado como un poderoso empresario de medios de comunicación, y todos sus trucos y poderes toman la forma de baratos espectáculos televisivos. En el espacio escénico, concebido por mi amiga Barbara Ehnes (http://www.goethe.de/kue/the/bbr/bbr/ag/ehn/enindex.htm), y que sugiere grandes páginas de un gran libro (metáfora de la biblioteca que Próspero atesora y que conforma su único patrimonio en el exilio), se convierten en grandes pantallas de cine o en pequeñas pantallas de televisión. Ferdinand y Miranda parecen sacados de un concurso al estilo Bailando con las estrellas, mientras Ariel se trasviste en drag queen en las distintas fantasmagorías ideadas por Próspero para poner a prueba a sus enemigos. Calibán, un adolescente malcriado y brutal, y Stephano y Trínculo, en una evocación de los cómicos ingleses Gilbert & George, tienen las escenas más graciosas del montaje, con unas caracterizaciones precisas e hilarantes.
Der Sturm
Tío Vania
Jürgen Gosch no es un desconocido en Caracas. Su brutal lectura escénica de ¿Quién le teme a Virginia Woolf? para el Deutsches Theater, es uno de los montajes más recordados del FIT Caracas 2006. Su Tío Vania, que desplaza temporalmente el interés del puestista por las relaciones violentas, agresivamente parasitarias, es un hermoso trabajo centrado en los valores dramáticos del silencio y las frases dichas casi sin voluntad. En una gran caja sin profundidad hecha de tierra, metáfora abstracta de un paisaje agreste, deforestado, Gosch sitúa en su centro un samovar y algunos pocos objetos más, y mueve a sus actores (que permanecen en escena a lo largo de las 3 horas y media de duración del espectáculo) con un sentido del ritmo sicológico y del spleen tan preciso, que hacen indudable su apego al espíritu decadente y melancólico del texto chejoviano. Vania (Ulrich Matthes, Goebbels en La caída de Hitler) es interpretado con exasperante contención, descubriendo sutiles matices de neurosis y agotamiento vital. Jenz Harzer como el doctor Astrov, y Christian Grashof como el retirado profesor de dudosa solvencia intelectual, son encantadoramente trágicos, sombríamente cómicos.

Tío Vania
Escenas de la vida de Santa Juana
Uno de los estrenos de 2008 de la Deutsche Oper, uno de los tres teatros de ópera más importantes de Berlín, es esta delirante y barroca puesta en escena de la obra de Walter Braunfels (1882-1954), compositor alemán de marcado estilo clásico romántico, autor también de una compleja y deliciosa ópera basada en Las aves, de Aristófanes. El responsable de la dirección escénica es Christoph Schlingensief (Oberhausen, 1960), el enfant terrible del cine alemán de los ochenta y los noventa. Cineasta y artista del performance, Schlingensief dirigió y actuó en su primera película con nueve años de edad. En ella interpretaba a un profesor que patea y humilla a sus alumnos y sale de viaje con una misteriosa maleta llena de ropa interior femenina. Dos de sus películas más impactantes, Terror 2000 y Das deutsche Kettensägenmassaker, son brutales farsas políticas y sociales sobre el neonazismo y la reunificación de las Alemanias, respectivamente. En esta Santa Juana, Schlingensief basa su puesta en una reflexión plástica y estremecedora sobre la muerte y la enfermedad. La primera imagen que vemos es un video, grabado por el mismo Schlingensief en Nepal, de un cuerpo femenino ardiendo en una pira funeraria. Las imágenes, profusas, cargadas de simbología y un colorido patetismo, se suceden en un tour de force de una exigencia inusual para cantantes, tramoyistas y figurantes, entre los que se cuentan enanos, discapacitados mentales y un bailarín con deficiencias sicomotoras. Un estremecedor auto sacramental barroco y contemporáneo sobre el delirio místico como enfermedad física y la muerte como derrota moral y corporal.
Emil y los detectives en Berlin Alexanderplatz
Excesivamente atractivo resultaba ver un espectáculo para niños firmado por uno de los directores contemporáneos más provocador, ingenioso y polémico. Frank Castorf dirige para la mítica Volskbühne una adaptación del relato Emil y los detectives, la novela juvenil escrita por Erich Kästner que ha conocido numerosas versiones cinematográficas. La anécdota es sencilla: un niño de la provincia recibe el encargo de su mamá de llevar a su abuela un dinero, pero en el tren que lo lleva a Berlín, el dinero desaparece de su bolsa. En la ciudad conoce a un grupo de niños que se hacen llamar “Los detectives”, que lo ayudan a recuperar el dinero. Como era de esperarse, la puesta en escena de Castorf, realista y llena de acid rock, jerga callejera, drogas, armas, bares de putas y ferias de máquinas traganíqueles, prescinde alegremente de las consabidas ñoñerías afines al género infantil. En el mismo dispositivo escenográfico diseñado por Bert Neumann para Berlin Alexanderplatz (del mismo Castorf), las aventuras de Emil se suceden a un ritmo desenfrenado: personajes sórdidos se pasean por ellas corrompiendo a niños, discutiendo los problemas económicos de Alemania y vendiéndoles armas de fuego. Y hasta la abuela de Emil es un grotesco retrato travestido con barba y calcetas. Dos automóviles, un taxi y un carro de la Polizei, entran y salen de escena a toda velocidad, frenando peligrosamente en proscenio, para el disfrute de los niños y sus maestros.
Ópera de los tres centavos
El Berliner Ensemble, fundado por Bertoldt Brecht en 1949, sigue siendo uno de los teatros más importantes en la escena berlinesa. En su repertorio 2007-2008, ofrece dos espectáculos creados por el estadounidense Robert Wilson, uno de los directores más influyentes del siglo XX. Se trata de un delirante Leonce y Lena, de Büchner, con música de Herbert Grönemeyer; y de una nueva puesta en escena de La ópera de los tres centavos, la colaboración Brecht/Weill más emblemática. En esta Ópera, Wilson se sirve una vez más de su espléndida estética, decididamente plástica, minimalista y cromática. Teatro popular en estado puro: conjunción armónica y elegante de recursos musicales y sonoros (puertas y monedas aparecen en escena combinando estructuradísimos gestos y efectos sonoros electrónicos), ritmo decididamente farsesco, precisión expresiva de la luz, y un rigor geométrico del mobiliario escénico. Un verdadero deleite visual y musical.

Fotografía de Franca Franchi

Teatro del Contrajuego

Domingo 6 de abril de 2008
El maestro Fernando Gómez (Él)
Maríalejandra Martín (Mujer)
Alexander Leterni (Joven) y Nelly Garzón (Ella)
Javier Vidal (Médico)

El maestro Fernando Gómez (Él) y Magaly Serrano (Extranjera)
PARECE QUE VA A TEMBLAR es la primera obra de la trilogía. Escrita en 2003, esta amarga comedia muestra a una familia venezolana atrapada en una eterna tarde de domingo: no pueden entenderse entre ellos y reina la intolerancia, el aburrimiento, la rutina, el arroz con pollo… Están condenados a vivir unos con otros y todos saben que se repetirán los mismos diálogos, los mismos rituales, una semana después, hasta el final de sus vidas.
La segunda obra, ESPERANCITA, cuenta la vida de una loca de calle que vive en una plaza junto a un perro enfermo y a un prócer de bronce. Esta mujer, graciosa y poética, que nos cuenta su terrible historia, se mantiene viva gracias a su pequeña esperanza, su esperancita. En su discurso va trazando un paralelismo entre su historia y la de un héroe de la patria (ambos cubiertos de excremento de paloma), vidas de soñadores que mueren por sus ideales, con la ilusión de transformar la Humanidad. La simplicidad y las anécdotas fantásticas de Esperancita nos muestran su humanidad (distinta de la que se escribe con mayúscula), amenazada por el hambre, la locura, la soledad.
En la tercera obra de la trilogía, SEMÁFORO, se trata un tema muy actual: la calle suple la falta de espacios destinados a las artes. Los personajes son los artistas, obligados a ejercer sus oficios bajo el sol y los semáforos de la ciudad. Vemos a una cantante de ópera, a una bailarina, a un actor… Todos fueron famosos en el pasado, pero ahora subsisten bajo un semáforo, en un país donde los teatros están tomados por el proselitismo y la vulgaridad.
Ricardo Nortier, Fernando Then, Norma Fernández, José Luis González y Julio Bouley. Foto: José Carlos Gómez
De izq. a der.: Rober Calzadilla, Vicente Peña, Mario Sudano y Eulalia Siso.A P A R T A M E N T O S X
Experimento urbano ideado por Matthias Lilienthal, Arved Schultze (ambos del Theater Hebbel-am-Ufer, Berlín) y Orlando Arocha, para el XVI Festival Internacional de Teatro de Caracas (abril de 2006)

¡Haz click en las imágenes para leer!Juan Martínez de la Vega en el Parador de Monforte de Lemos, otoño de 2007
Páginas dedicadas al espectáculo en el programa de noviembre de la Scene Nationale de Bayonne Sud Aquitain.
Con Maga en la playa Chambre d'Amour, en Anglet, y el faro de Biarritz al fondo.